El comienzo puede ser agudo (en la mayoría de los casos) o gradual y también pueden detectarse factores desencadenantes, como una infección aguda y/o significantes eventos en la vida del enfermo.

Aunque no se disponen de estudios epidemiológicos en España, se supone que en España lo sufre un 0,3%-0,5% de la población general siendo la proporción mujer/hombre de 3-5/1 y la edad de inicio más frecuente entre los 25 y 35 años. En mujeres es más común que Esclerosis Múltiple, Lupus, infección con VIH cáncer pulmonar y muchas otras enfermedades.

La base patofisiológica del SFC es compleja porque hay muchos sistemas corporales implicados y múltiples síntomas de intensidad variable. La mayoría de investigaciones apuntan a una sisfunción del sistema nervioso central, asociada con alteraciones autonómicas neuroendocrinas, neuropsiquiátricas o inmunológica.

El hecho de no haber una clara explicación fisiológica, llevó de forma errónea a algunos investigadores a clasificar el SFC como una enfermedad psiquiátrica. Las quejas de los pacientes con SFC son, según algunos, la expresión de una depresión, un desorden de somatización u hipocondría. La fatiga y la disminuida concentración ciertamente muestran paralelismos con la imagen de la depresión. Pero la depresión y el SFC tienen llamativas difrencias, entre otras en el metabolismo del cortisol. La liberación del cortisol libre en la orina de 20 horas está disminuida en el SFC y aumentada en la depresión.

Síntomas como el dolor de garganta, adenopatías dolorosas e inflamadas, sensación febril, dolores articulares y lenta recuperación post-esfuerzo claramente no son síntomas psiquiátricos y el tratamiento con antidepresivos no aportó mejoría en estos aspectos. El diagnóstico del trastorno de somatización tiene su origen en la suposición que no se encuentra una explicación somática para lo que explida el enfermo.

Los estudios recuentes muestran anomalías en muchos sistemas corporales.

  Pronóstico:

El pronóstico de los enfermos varía considerablemente. Un 5-10% de los enfermos se recupera bien (algunos incluso pueden volver a trabajar, pero con adaptaciones en su vida) y otros empeoran. Lo más frecuente es que se alternen períodos de relativo bienestar con otros de enfermedad, pero manteniendo siempre un fondo de afectación importante que debe cuantificarse en más del 50% del rendimiento habitual, tanto físico como intelectual. Una significante proporción de pacientes seguirá bastante debilitada durante mucho tiempo. La rápida intervención y diagnóstico a menudo resultan en un pronóstico mejor.

El SFC puede interrumpir severamente las actividades laborales, sociales, emocionales y de ocio o de estudios del enfermos. Evidentemente tiene un gran impacto sobre la pareja y los familiares y/o amigos.